LA RAÍZ SE DESPIDE DE BARCELONA

Las puertas del Sant Jordi Club se abrieron a las 20 horas el pasado viernes 19 de octubre. Era un ambiente demasiado húmedo para tratarse de un contexto alegre como el de un concierto con el estilo musical de La Raíz. El agua caía suave pero de manera ininterrumpida mientras que la cola avanzaba. Las hojas de los árboles no resistían más la persistencia de la lluvia y dejaban de ser protectoras para todas las almas expectantes de música que aguardaban cubiertas. La lluvia mordía el ambiente presagio quizás de las lágrimas con las que muchos se iban a despedir esa noche del grupo de música. El barro en las zonas de tierra que rodea el recinto se entremezclaba con el olor a petricor de la carretera. Augurio de la mezcla de sentimientos que muchos iban a experimentar a lo largo de la noche.

Antes de La Raíz fue el turno de Tribade, un grupo de rap transfeminista. Pese a que se desenvolvieron bien y el público fue agradecido con ellas era evidente que el viernes los jóvenes que llenaban el recinto catalán estaban concentrados en el espectáculo que les aguardaba: La Raíz, uno de los grupos más arraigados en el panorama musical actual, se despide por el momento de giras, festivales, discos y conciertos. Y una de las últimas ciudades es Barcelona. Con un nombre de gira que hace referencia a una de sus canciones más conocidas ‘Nos volveremos a ver’ la banda valenciana fue recibida entre aplausos y gritos a las 22h de personas impacientes por cantar en directo algunas de sus canciones favoritas aunque fuera por última vez.

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Lo que es evidente es que La Raíz este fin de semana ha dado en la capital catalana una clase magistral sobre despedidas. Primera clave de una buena partida: hay que ir al grano. En una despedida, no hay tiempo para matices, ni para puntos ni comas. El mensaje tiene que ser claro, directo y conciso. Esto lo consiguió el grupo de música escogiendo de manera concienciada todas y cada una de las canciones que sonaron durante el concierto. Cuando estás a punto de marcharte, no es momento de explicar algo nuevo, de cantar nuevas canciones: es mucho más aconsejable mantenerse fiel a tu esencia y ceñirte a lo que eres. Es por ello que las canciones fueron todas las míticas. Porque cuando alguien se despide de ti no quiere escuchar lo mucho que has cambiado sino todo aquello que tú eras en el pasado. Quieren que suene de fondo A la sombra de la sierra o Entre poetas y presos. Quieren tener una noche Borracha y callejera, o incluso soñar “con mil Dulcineas”.

La segunda clave de una despedida en condiciones es que es obligatoria. Y sí, quizás este es el punto más difícil de entender por su obviedad, pero es interesante recordarlo. En demasiadas ocasiones omitimos este punto porque consideramos que no nos aportará nada y no es así. Necesitamos despedirnos. De las personas, de las ciudades, de las situaciones y de los grupos de música. Porque no podemos vivir tranquilos sin las despedidas. Porque solo cuando nos despedimos podemos echar de menos algo de manera inteligente: apreciando el pasado pero viviendo en el presente. Sin las despedidas, nos limitamos a ser personas que divagan atrapados en un ayer que jamás podrán retomar. La Raíz se despidió en diversas ocasiones del público que aguardaba en el Sant Jordi Club con un mensaje claro: gracias. Porque agradecer todo lo que te ha aportado alguien es vital también. Tercera clave: despedirse es tomar carta en el asunto. Poner fin a una situación que, sea por el motivo que sea, debe terminar. No porque no se esté bien estando así, sino porque se aspira algo mejor, algo diferente, algo con lo que crecer. Despedirse implica un cambio y dicho cambio se debe asumir. Implica un punto y aparte, un antes y un después, dejar por escrito que mañana no será igual que ayer.

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La última clave, y seguramente la más importante, es percibir que hay despedidas que son paradojas (o simplemente paréntesis) y no por eso son menos necesarias. Partidas que juran y perjuran aquello de que ‘Nos volveremos a ver. Que no te muestran el calendario ni firman ninguna fecha. Utilizan un futuro simple que podría ser perfecto pero que, casualmente o no, no lo es. En estos casos surgen dos opciones: esperar u olvidar. Que no quiere decir sufrir o ser feliz. Hay muchas maneras de esperar. A mi modo de ver, si se cumplen los tres puntos primeros es posible llevar a cabo un proceso de espera. Porque a veces, simplemente, que no se pueda hoy no condiciona el mañana.  

Las despedidas son ciclos y las conclusiones son introducciones también. Como por ejemplo, la de Las miserias de tus crímenes: “Paso la noche y el día soñando siempre con verte, y si me aborrece la vida, me causa pavor la muerte”. Un sentimiento seguramente parecido al que tendrán ahora muchos seguidores de La Raíz a partir del mes que viene, donde el grupo se despedirá de Valencia en última instancia.  

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Artículo realizado por: Natalia García Caldeiro

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